Cap. 1 El misterio de un sueño oculto de Lina Palencia

Hola, chicos!

Hoy les voy a publicar el primer capitulo de la obra de una amiga nuestra que apenas esta empezando con su obra, espero que les guste jeje :3

Les dejo el capitulo:


CAP 1: EL MISTERIO DE UN SUEÑO OCULTO

Desperté agitada y me quede observando  la  luz que entraba por la ventana adyacente a mi lecho.
¿Qué clase de  sueño había tenido? Me reincorpore en un santiamén sin dejar de pensar en la noche anterior. Nunca un sueño había acaparado toda mi atención tan eficazmente. Me mire detalladamente  en el espejo, tenía un aspecto que en otras condiciones lo habría tachado como ``asqueroso´´, la luz que se reflejaba en mi rostro y me hacía parecer  un zombi. Quizá por lo que vi en aquella visión fugaz de mi sueño no tome reparo alguno.  Normalmente hubiese acudido al tocador y me habría lavado la cara, pero en esos momentos mi mente había huido de este mundo. Estaba pensando en los lapsos tan  tenebrosos de los que acababa de huir, gracias al reciente amanecer. Aparte mi vista del peinador beige que ostentaba un hermoso cristal  en la mitad de su parte superior. Mi tía Virginia me lo había obsequiado el otoño pasado junto a mi blusa favorita ya que era mi cumpleaños, era el último recuerdo material que poseía de ella, pues el mes pasado había fallecido en un accidente mientras viajaba a América. La recodaba tan hermosa con su preciosa melena azabache y ondulada, alta  delgada   y siempre con una sonrisa que por su perfección que mejor compararla con la luna menguante. Cuanto la echaba de menos.  
Note que eran las 7:30 me había demorado bastante en comparación con lo normal ya que era una regla estricta bajar a desayunar a las 7:10 am, mamá era muy clara en que si no bajaba a esa hora y ella se había ya sentado , no se levantaría a atenderme. Con la excusa de que yo también tenía que aprender a ser una mujer responsable digna de un excelente esposo. Pero eran solo eso, excusas pues cuando estaba Nohora le exigía más de lo normal con respecto a nuestras necesidades. Sin embargo como era sábado y ella tendría el día libre según me había enterado la noche anterior era obvio que debía apresurarme si no quería ir a la cocina a preparar mi desayuno.

Salí de mi habitación y baje rápidamente con cautela por las escaleras de madera que estaban rodeadas por majestuosos cuadros de los pintores  más reconocidos de toda Europa. A la vez que de candeleros de bronce de hermosos tallados a su alrededor con manuscritos en latín y pequeñas figuras míticas como el ave fénix
-Amanda, ¿por qué tardaste tanto en bajar?- dijo mi madre con una expresión preocupada y como siempre tan elegante. Lucía un hermoso vestido color turquesa que le llegaba hasta las pantorrillas, una chaqueta color negro abultada que resaltaba sus oscuros ojos y  unas zapatillas que le hacían juego con el vestido. Era típico de ella arreglarse con tanta perfección
- lo siento mamá es que me quede pensando lo mucho que echo de menos a la tía Virginia- afirme, evadiendo el tema de mi sueño. Tenía la impresión de que no debía hablar de ello, al menos por el momento - y no pensé que fuera tan tarde- tenía el rostro lleno de lágrimas.
 No había sido fácil olvidar esa pena, pues ella era para mí la persona que mas apreciaba. Aún más que mamá, debido a que había  pasado gran parte de mi vida a su lado. Mientras mamá acompañaba  mi padre en sus viajes de negocios.
 Era muy extraño que en pleno siglo XIX un hombre tuviera en cuenta  a su  esposa para esta clase de eventos y aunque mi padre tenía bastantes críticas acerca de que la mujer no debía estar muy enterada de los asuntos de su esposo, porque luego andaría divulgándolos por ahí y el hecho de que mi madre debía estar cuidando de mí y de su casa hacían de mi madre precisamente el centro de atención de las conversaciones burguesas, aunque como era obvio no para bien. Pues ese era el concepto en el que se tenía a la mujer desde el Medioevo y hasta la edad contemporánea.




Mi padre hacía caso omiso a este tipo de comentarios y aunque murmuraban de él, lo hacían muy por debajo, debido a que él tenía mucha influencia sobre la economía de Europa. Y siempre querían que se sintiera a gusto con ellos por más beneficio propio, que el hecho de entablar una amistad con él.
Yo en cambio me divertía en Calais junto a mi tía que siempre me aconsejaba que no me casara para así poder tener una vida tan amena como la de ella. Yo estaba muy de acuerdo con la idea. Eso de andar cuidando de un esposo e hijos no era lo mío en definitivo. Quería ser como mi tía. Tener una casa en esa hermosa ciudad para vivir con uno o dos empleados, y por supuesto con Suzie. Para viajar por el mundo en busca de aventuras.  No obstante sabía que lo de Suzie era solo una posibilidad, pues ella a diferencia de mí era de las que pensaba que la verdadera felicidad estaba en tener un hogar junto al hombre que amaba y a sus hijos.

Era por esto que junto a mi tía Virginia nos reíamos de ella, no porque quisiéramos que pensara igual a nosotras, sino más bien por la gran diferencia que teníamos la una de la otra y que aún así tuviésemos una relación tan amigable. Después de todo no era lo único que nos hacia  distintas y eso me daba cuenta todos los veranos, cuando ella venia a vernos a mi tía y a mí. Suzie nos comentaba sus planes para el futuro y del chico que soñaba. Era tan enamoradiza que cada verano nos hablaba de un hombre diferente. Creo que lo único que teníamos en común con mi prima era el gusto por el ballet
El  recordar tantos episodios junto a mi tía me hizo romper a llorar con desespero y tristeza. Pensando que era muy joven, pues tan solo tenía 30 años cuando falleció.
    -Hay cariño no llores- dijo mamá consolándome- yo también la extraño, y se lo especial que era para ti, es por eso que hemos decido que para el verano próximo iremos a Calais- aseguro con una sonrisa un poco llena de tristeza al mismo tiempo que me envolvía en sus calurosos brazos.
-No entiendo que tiene que ver Calais con la tía Virginia- dije frunciendo el entrecejo y limpiándome las lagrimas.
 Mamá soltó una ensordecedora carcajada.
  - hay cielo es muy simple no recuerdas que tu tía te obsequio unos boletos para que fueras junto con Suzie para que las dos fueran la propiedad que ella lego a tu nombre. Supongo que ella sabía lo bien que la cuidaras - menciono mi madre colocando un plato cuadrado lleno de quiches y una taza de chocolate caliente. Supongo que por mi llanto prefirió servirme el desayuno, porque sabía que si no lo hacía,  yo no probaría ni un solo bocado, o eso fue lo que yo concluí.   
-Es cierto, no sé cómo pude haberlo olvidado- dije pinchando con el tenedor un pedazo de quiche y metiéndolo en mi boca.
-Cielo no importa luego hablaremos de eso y cambiando de tema, ¿no piensas ir hoy a tu clase de ballet?- preguntó mamá frunciendo los labios.
-Si mamá, es solo que la maestra Enola ha reprogramado la clase de las ocho para las once- todos los sábados desde los cuatro años había tomado clase de ballet, junto a Suzie aunque me había ausentado la temporada que estuve en Calais, sin embargo allí también había tomado clases en otra academia. Ya habían pasado 12 años desde mi primera lección y aun la recordaba con lujo de detalles, yo era tan torpe que me caía con tal solo zafarme de la barra, pensé en no volver a clase, sin embargo gracias a mi prima Suzie permanecí firme en el ballet, con horas extras de ensayo para no hacer el ridículo. Y ahora era una de las mejores bailarinas que tenía un ballet Enola, la academia a la que asistía en ese momento.
-bueno en ese caso te iré a calentar agua,  le di el día libre a Nohora- Dijo mamá con una extraña expresión.
Terminé mi desayuno y subí a darme un baño, mi madre había acabado de llamarme, así que me apresure, ya que eran casi las nueve y yo solía demorarme bastante cuando se trataba de un cálido baño en pleno otoño, hacia bastante frío y  así  como lo había intuido me tarde bastante.
Mamá sí que sabía cómo era que me encantaba el agua, me desvestí y me sumergí en la tina.
Nuestro baño era muy hermoso, las paredes estaban cubiertas con una cerámica color crema y había una ventana pequeña por donde entraba una tenue luz. No era muy ostentoso, pero sí que llamaba la atención. De repente cerré los ojos para que no se me irritaran cuando pasara el jabón por mi rostro.
Fue casi instantáneo el momento en que recordé mi pesadilla. Yo estaba en un lugar excesivamente penumbroso, no podía ver siquiera la luz de la luna, de repente un hombre se acercaba a mí y de un solo golpe me arrancaba la blusa, sus acompañantes reían en conjunto malévolamente  más que una risa parecía un estrepitoso chillido, una vez me encontraba desnuda el sujeto me introducía algo en el abdomen, sentía que me quemaba por lo que emitía un aullido y se me escapaban unas cuantas lagrimas mientras ellos se divertían de mi sufrimiento. Abrí mis ojos muy aterrada. Termine  mi baño y me envolví en una toalla de color granate. No pude mirarme en el espejo, el candelabro que estaba junto al cristal me hacía recordar mis pesadillas. Sé que no tenía nada en especial pero revivía esos momentos.
 Salí del baño de mi habitación y me apresure a vestirme, como iría al ballet me coloque una trusa negra,  medias veladas color durazno, zapatillas color rosáceo  y una corta falda color rosa. Me recogí el cabello envolviéndolo en su propio eje y luego puse una coleta alrededor para sujetarlo.
Me puse en frente del cristal del peinador y me acicale hasta que considere suficiente. Note que estaba soplando fuerte el viento gracias a la ventana que había dejado abierta abierta desde la noche anterior, considere que no sería nada pertinente irme vestida así, me congelaría del frío. Por lo que busqué en mi closet un abrigo marrón que me llegaba hasta la rodilla, me lo coloque y salí de mi cuarto.
Baje buscando con la mirada a mi madre.
-Mamá ya me voy, necesito que me des dinero para pagarle a un coche para poder ir al ballet- le dije apenas la hallé. Pues mis padres habían despedido a James y aun no encontraban un buen cochero digno de ser contratado en la familia Miramont.  
De inmediato se apresuro a  buscar dinero -Mira espero que sea suficiente – dijo extendiendo su mano para entregarme la cantidad  que considero adecuada.
- Adiós mami – dije mientras abría la puerta para partir en dirección al ballet.
Noté que era un día extraño, aunque eran normales los días fríos en otoño, el tono del cielo era demasiado grisáceo para ser Francia, casi parecía un invierno en Valais. Las calles estaban muy solitarias y la poca gente que había, lucían  llenos de temor e incertidumbre. No me gustaba ver a la gente así, por lo que preferí seguir observando el firmamento.
Retire mis ojos del cielo y note que había un coche que me podía llevar hasta un ballet Enola, me subí y le indique al cochero la ruta para llegar a la academia.
 No pude verle el rostro ya que la cortina del compartimiento estaba cerrada. El cochero estiro la mano indicándome la suma de dinero con los dedos. Me pareció muy extraño que no entablara conversación conmigo pues la mayoría de los cocheros solían hacerlo o al menos James lo hacía.
- Puede dejarme aquí - dije dándole una orden.
-Tenga cuidado – musitó con una melodiosa voz, mientras yo aclaraba mi garganta y sentía que mi corazón se aceleraba. Nunca había tenido una sensación tan maravillosa y  espelúznate a la vez y. El solo habría necesitado expresar una sola palabra para lograr ese extraño efecto en mí ¿Qué me estaba pasando?
- ¡A qué se refiere! – Masculle tensa - ¡Quién es usted! - Tenía que saber quién era el único hombre al cual me sentía tan ligada, quizá como se si se tratara de mi propia alma
-  Eso no importa, simplemente hágame caso –profirió perdiendo la tranquilidad con una voz aterciopelada – Olvide que me vio y no trate de buscarme - Me quede pasmada.
Se detuvo, abrí la puerta y me baje de un salto para dirigirle una mirada al incognito personaje que me había llevado hasta el ballet.
 Me di cuenta de que la cortina de la ventana estaba corrida y en una visión fugaz pude verle algunas facciones del rostro. Mi corazón se acelero aún mas, casi sentía que iba a huir de su lugar, al tiempo que mis mejillas se ruborizaban, sentía que la sangre acudía a mi rostro hasta el punto de sentirme mareada.
 Tenía ojos grises que me observaban con una mirada analítica, tenía alrededor de veinte años lo note porque su piel era joven y su tez era de color mate, era alto y misterioso, no era ni muy delgado ni muy robusto, lo suficiente para considerarlo guapo, aunque no pude ver más allá ya que sus labios los cubrían un gabán que hacia juego con sus ojos y su cabello un sombrero de ala corta  negruzco. Cuando se dio cuenta de que lo observaba giró su rostro de inmediato y arreo a las bestias que tiraban del coche para retirase de ese lugar rápidamente.



Entre al pequeño edificio, sin dejar de cavilar en el hombre que acababa de mirar. Sentí que mi mente merodeaba lejos de ese lugar, desde el momento en que lo observe. No era la extraña sensación que siempre critique a mi prima Suzie cada vez que ojeaba a un chico con las características que ella soñaba para que fuese su marido. Como odiaba yo eso, además era imposible que aquel cochero me hubiese gustado, pues a penas lo acababa de contemplar. Más bien era mi tan insaciable curiosidad de saber que era lo que ocultaba aquel personaje tan enigmático  pero tan hermoso a la vez. O eso creía yo en aquel momento.
- Amanda,  has llegado – grito mi prima con una sonrisa elocuente, desde la puerta del salón principal. Sacándome de mis pensamientos.
- Lo siento, no creí tardarme tanto – dije, mirando hacía la entrada del edificio.
- Estas loca, son tan solo las diez y media – dijo, frunciendo el ceño, al mismo tiempo que llevaba su cabeza hacia atrás – prima, por fin te has enamorado – comentó muy complacida y con mirada maléfica. No pude evitar recordar la fascinante mirada que acaba de observar hacia apenas unos minutos.
-¡Que te pasa!  Suzie – exprese con admiración – ya te he dicho que nunca me voy a enamorar. Ya sabes que pienso vivir sola en Calais – dije aterrorizada.
Mi prima soltó una estruendosa carcajada – como lamento decepcionarte prima querida, pero te conozco tanto, que estoy segura que te mueres de la ganas por ir al altar con un hombre que te ame hasta la muerte – comentó con una sutil sonrisa frenética.
La observe de arriba a abajo y  luego menee  mi cabeza con sutileza haciendo una mueca – lo siento Suzie, pero ese es tu sueño, no el mío – grite furiosa
- Bueno, si así lo deseas cambiemos el tema – dijo con un tono burlón
- aquí llego la demente – dijo Kailan haciendo un  gesto
Kailan había llegado a Toulouse el verano pasado de Londres pues sus padres según me había enterado querían rehacer su vida en Francia. Era tan pesada, pero  era la chica más popular del instituto y de la academia. Era muy guapa.  Alta, rubia, sus ojos eran color turquesa y era muy delgada. Me odiaba desde el primer día en que me vio y mi sentimiento hacía ella era de repugnancia pura.
- No tenía que anunciarse Kailan – comente, mirándola con un tono socarrón  
- Que graciosa – dijo mirándome con cara de pocos amigos – para que lo sepa la única tonta aquí y en el instituto es usted, es por eso que Ben, me quiere a mí,  además soy mucho más hermosa que... – gimió, mirándome con una expresión petulante – usted. Y pronto seré la Señora Brown – dijo esbozando una sonrisa
- ¡Cree que me interesa alguien tan engreído como  Ben! – indique. Ben era igual que Kailan tonto y ególatra. Lo único bello en el era su exterior, al menos para Kailan.
 Lo había conocido en un baile mientras mi padre trataba de cerrar un negocio con su padre. Vi como la mirada de Ben se dirigía a mí mientras se acercaba para invitarme a bailar.
 Ese día llevaba un vestido, accedí con sutileza y no necesite más de una pieza para darme cuenta de la clase de persona tan engreída que era Ben, pues durante toda la pieza no hizo más que hablar de su perfección.
Kailan me abrazó hipócritamente a la vez que yo le introducía una goma de mascar en su melena, luego me diviso haciendo una mueca y partió de allí.
- ¡Amanda! – Dijo mi prima con una expresión preocupada - ¿Qué le hiciste a Kailan? – pregunto, poniendo los ojos como plato
- le fije un poco de goma de mascar en su coleta – comente maliciosamente.
- ¡Quién me ha hecho esto! – gritó Kailan frenética desde el tocador.
Mi prima y yo reímos en conjunto, mientras las otras bailarinas acudían a consolar a Kailan y a bridarle su ayuda.
- ¡Amanda!, esta me la vas a pagar – chillo alborotada - ¡maldita Amanda Miramont! – vociferaba furiosa.
En ese instante note que la maestra Enola había llegado. Como siempre con una mirada inexpresiva y  la elegancia de una reina medieval. Sus ojos eran marrones y su cabello oscuro como las noches de invierno en los Alpes.
- Quiero verlas a todas en el salón – gruño la maestra Enola – y no quiero nada de lloriqueos – respingo, dirigiéndose a Kailan.
Kailan salió de la toilette echando humos. Me  dirigió una mirada, mientras  fruncía los labios y se limpiaba las lágrimas. Pasó  por mi lado y me dio un fuerte empujón. Produciendo en mi, orgullo total, por lo bien que me había salido la travesura hacía ella.
Mi prima se limito a virar su cabeza para sonreírme y luego hizo una mueca indicándome advertencia.
 Pasamos al salón principal. Y la maestra le indico a Dorine que podía comenzar a tocar el piano. Irrevocablemente ella obedeció. Comenzando con una melodía suave y hermosa.
 Nosotras empezamos nuestra rutina. Nos veíamos idénticas, todas las danzarinas llevábamos uniformes y el mismo arreglo en el cabello.  Obedecíamos ante cada una de las conjeturas que la maestra mencionaba.
Al finalizar la clase observe a una chica alta, hermosa, de ojos dorados, piel color mármol.
 No sé porque pero no me causo buena impresión desde el mismo momento en que la vi. Supuse que se debía a la maldad que detalle en la mirada repulsiva que me dirigía. Creí haberla percibido en otro lugar, pero en ese preciso momento no lo pude recordar.
- Nos veremos en otra ocasión prima – susurro Suzie, mientras nos encaminábamos juntas en dirección a la extraña señorita que ahora platicaba con la maestra.
- ¡Amanda Miramont! ya verás que pronto morirás – me tropecé mientras escuchaba musitar esa estremecedora frase a la joven peculiar. Ni la maestra ni mi prima parecieron percatarse de las palabras mencionadas, pues no hicieron ni el más sutil gesto de advertencia.
- Amanda quiero que conozcas a esta encantadora jovencita – expreso la maestra Enola con una sonrisa perspicaz.
Por mi parte lo único que quería hacer en ese momento era salir corriendo, y lo menos que deseaba era conocer a la joven que ansiaba asesinarme. Recordé las palabras del apuesto cochero, mientras la institutriz me dirigía una sonrisa característica de ella. ¿Se refería el cochero a la joven que me acababa de amenazar?, ¿como se había percatado de ella antes que yo?, tenía que volver a hablar con el hombre que me había advertido. Pero ¿Dónde estaría? Toulouse era una ciudad muy grande y de las principales de Francia, razón por la cual no sería tarea  fácil hallar a aquel hombre del que no sabía ni su nombre.
Además me había dejado muy en claro que no me quería volver a ver. Sentí una punzada de tristeza al pensar en que nunca lo volvería a ver.
- mi nombre es Helena Ficzó – profirió con una sonrisa perversa.
Sentía un olor a tierra húmeda proveniente de ella, era un olor nauseabundo que por los rostros encantados de mi prima y de la institutriz note que era la única en captar ese insoportable aroma que me estaba quemando la nariz.
- Creo que mi nombre ya lo sabe por lo que acabo de oír, así que no tendré que presentarme – mascullé con una mueca seria.
- No he dicho nada – dijo con un gesto nervioso – simplemente quería conocerla, mi hermano no ha hecho otra cosa que alabarla, es por esto que conozco su nombre Amanda.
Su hermano, acaso eran dos las personas que trataban de matarme, o era el típico caso de una hermana celosa que no sabía cómo  zafarse de la chica que no aceptaría como cuñada se. Eran muchas las cosas que en ese momento se pasaban por mi cabeza.
 Pronto recordé la advertencia del cochero y descarte la segunda opción, si ella sola quería deshacerse de mí, no hubiese nombrado las alabanzas que su hermano había manifestado.
- ¡Creo que tiene un pretendiente Amanda! – expreso mi maestra sonriendo sosegadamente
- ¿Quién es su hermano? – pregunte llena de temor
- Su nombre es Demetri Ficzó – profirió con una mirada realmente cautivadora, fue como si por un momento ocultara de una manera inexplicable su maldad natural – por cierto debe estar por llegar, debería esperarlo conmigo si así lo desea.
- Estará encantada de conocer a su hermano señorita Ficzó – articulo Suzie con una sonrisa reveladora.
- También puede quedarse si así lo desea señorita Kant – Vocifero Helena llena de alegría
Estaba muerta del miedo y a mi prima se le acababa de ocurrir la estupenda idea de esperar  al monstruoso hermano de Helena que con solo oír su nombre me provocaba una terrible sensación de escalofríos: Demetri vaya nombre.
No iba ser tan estúpida como para quedarme a conocer al espeluznante sujeto del cual no esperaba nada bueno. Por lo que se me ocurrió la excelente idea de irme con la excusa del regreso de mi padre a casa.
- De verdad quisiera quedarme – mentí – pero la verdad es que mi padre regresa hoy a casa y quiero darle la bienvenida – sonreí con vehemencia.
- la entiendo, no se preocupe mi hermano está a punto de cerrar un negocio con su padre y de seguro lo conocerá en el baile que organizo su madre con el fin de celebrar este otoño tan agraciado – como era posible que Helena supiera de tal evento que mi madre disponía y yo no tuviera ni la más remota idea de esto.
Mi madre solía contarme las cosas anticipadamente para que yo me adornara y luciera como la chica más atractiva del evento. Como era típico de ella, siempre quería que toda la ciudad tuviera los ojos sobre mí y de ser como Helena afirmaba, mi madre habría insistido en comprar un vestido nuevo para tan esplendida ocasión, cosa que hasta dicho momento no había ocurrido.
 La expresión de Helena me dejaba claro que hablaba con la verdad, después de todo no tenía sentido mentirme si quería obtener mi favor para con su hermano, pero de ser como ella acababa de anunciar no me aparecería por el baile aunque mi familia fuese la anfitriona y me ganara un grave castigo. Prefería vivir lavando platos y arreglando casas, que ir a la fiesta y morir esa misma noche.
Por algún motivo sentí la gran urgencia de pasar por la iglesia para que un sacerdote me bendijera y escuchara todo lo que acaba de vivir desde la noche anterior hasta el reciente atardecer. Eran acerca de las cuatro por lo que aun contaba con tiempo suficiente para ir a ver al padre Luis y de regreso a casa iría a comprarme un crucifijo, tenía la sensación de que era lo único que podía protegerme de Helena y sus secuaces.
- Debo irme, espero no les moleste.
- No se preocupe no veremos en una próxima ocasión – profirió Helena con un gesto perverso.
Salí del edificio casi corriendo, Helena me daba miedo y no quería pasar un minuto más en su espantosa compañía.  
Como la iglesia quedaba cerca a la academia no tendría la necesidad de tomar un coche. Lo que en cierta forma era de mi agrado, tenía la imagen de Helena y no quería que algún aliado de ella me secuestrara para luego satisfacer los deseos de su ama.
Percibí a medida que avanzaba por las calles de Toulouse que la neblina me rodeaba con gran habilidad. No podía ver mas allá de medio metro, me sentía perturbada y abandonada.
Rogaba a Dios que me permitiera llegar a la iglesia y que se apiadara de mí.
Al fin observe unos grandes portones de madera, había llegado a mi destino. Eran a eso de las cuatro y media pero daba la sensación de que ya se había puesto el sol.
Le di un empujón a los grandes portones que estaban frente a mí para poder ingresar al templo sagrado. Cerré el portón de un solo golpe y me encamine a buscar al padre Luis. Había cientos de velas por toda la iglesia y la espesa neblina ingresaba por el pequeño espacio entre la puerta y el pavimento sentía que me perseguía. Era una escena tan terrorífica que mi cuerpo reacciono instantemente con una carrera apresurada para huir de aquel lugar.
- Padre, Padre – grite muerta del miedo
- Pasa algo hija – contesto el padre Luis a mi llamada
- padre por favor ayúdame no se qué hacer – chille aprisionada por el temor que se acababa de apoderar de mi, las lagrima resbalaban por mis mejillas y el padre Luis seguía observándome confuso.
-¡Que pasa!, porque estas así – pregunto con cierta incertidumbre
Le conté todo lo que me había ocurrido en el transcurso del día y por supuesto no deje ningún detalle del sueño de  la noche anterior que se había repetido durante mi cálido baño otoñal.
Mi tía Virginia siempre  había creído que los sueños eran revelaciones divinas que nos sirven de prevención, consuelo o reprensión y este era también mi caso. Yo no podría saber que significaba aquel sueño, pero seguramente alguien tan sabio como el padre Luis me daría una buena respuesta para las dudas que se habían metido en mi cabeza acerca de tan sombría visión.
- Prevención – aseguro el padre Luis con una mirada muy seria
- ¡prevención! De qué – pregunte desorientada
- Su sueño quiere prevenirla de la maldad de algunos personajes que seguramente conocerá en un futuro no muy lejano – respondió el padre con certeza – Lo que usted me ha contado acerca de su reciente visión es un rito que hacen los seguidores de Satanás para ganar su favor. Sacrifican personas al servicio de Dios para conseguir lo que ellos consideran vida eterna. Digo consideran, porque la verdad es que el demonio les da un cuerpo durante la eternidad, pero su alma esta en un profundo tormento. Es como si su alma viviera en las profundidades del Hades, pero su cuerpo permaneciera en la tierra para seguir haciendo el mal y servir a Azidahaka.
- ¡azi que! – pregunte abriendo los ojos como plato.
- Azidahaka – respondió –es el demonio al que sirven los hechiceros. Dios no proteja – dijo persignándose.
- Bueno y yo que tengo que ver ahí – pregunte llevándome un dedo a los labios y mi mirada hacia el techado lleno de imágenes sagradas que cubrían el templo – bien sabrá usted que ni mis padres ni yo tenemos, ni tendremos vínculos con este tipo de personas.
- No afirme cosas que aun no tiene la convicción de que puedan pasar – contesto con una mirada llena de autoridad – sabía usted que hasta un monje de la edad media se dejo seducir por las vanidades que le ofrecía el demonio y termino sirviéndole de por vida. Hasta que un día su servidor término arrastrándolo hasta las profundidades de las tinieblas – afirmo con una mirada llena de verdadera tristeza, casi vi asomar una lágrima por sus ojos negruzcos – es una verdadera lástima que uno de nosotros haya terminado sirviéndole al señor de las tinieblas y proporcionándole información con la que nos ha hecho mucho daño.
- ¡Se refiere a que! el monje le proporciono información al demonio para que con esta conquistara a el mundo – pregunte sorprendida.
- Bueno, también – contesto desviando su mirada de la ventana para dirigírmela a mi – por este monje muchos más cayeron en la trampa demoniaca, es por eso que se hizo la reforma – afirmo mientras las lagrimas de sus ojos caían por sus mejillas – creo que lo único  que nos trajo esta división  no son más que cosas  que el demonio usa a su favor – aseguro limpiándose sus mejillas envejecidas – solo guerras que podría estar seguro que entristecen a Dios mientras los servidores del demonio se regocijan en estas. Porque mientras nosotros seguimos pensando ¿Quién tiene la razón? Ellos siguen haciendo el mal y atrayendo almas a las oscuras profundidades del infierno – profirió mientras sacudía levemente su cabeza – pero bueno creo que nos estamos desviando del tema – dijo mientras se dibujaba una sonrisa en su rostro.
- Sí creo lo mismo – conteste mientras le devolvía el gesto con gratitud.
- En fin, debe cuidarse y no confié tanto en las personas que sus padres consideren buenas para usted – articulo seriamente – No es que desconfié de sus padres es solo que, bueno ya sabe, la tentación esta y si aquellos servidores de la iglesia cayeron en el engaño diabólico, no veo porque personas del común como sus padres no – sonrió – somos humanos y cualquiera se puedes equivocar.
- Gracias padre – lo mire llena de agradecimiento por escucharme – no se imagina lo bien que me ha sentado esta plática – le dirigí un gesto de alegría  - le hare caso, tendré cuidado
Me levante de la silla a la que el padre Luis me había conducido. Me despedí menando mi muñeca izquierda y con una mueca llena de gratitud. Me dirigí a la puerta.
 El padre se excuso por no poderme acompañar hasta el pórtico de la iglesia. Al parecer tenía una lesión en la rodilla derecha por lo que caminar era un verdadero martirio para él.
 Llegue a la calle y note que el sol comenzaba a ponerse. Trate de recordar donde podría adquirir el crucifijo que había decidido comprar gracias a la presencia de Helena Ficzó. Al fin no recordé nada y termine vagando por las calles de la ciudad sin saber a dónde dirigirme.
Vi una pastelería y me di cuenta que no había comido nada después del desayuno. Se suponía que debía almorzar por fuera a eso de las cuatro, es decir a penas saliera de la academia, pero a causa de lo ocurrido esa tarde no me había percatado de mi hambruna, creo que no me quedo tiempo para andar pensando en mi glotonería, estaba a punto de desmayarme a causa de no haber comido nada y haber utilizado toda mi energía tanto en el trabajo físico  que había hecho en el entrenamiento y corriendo hacía la iglesia, como en el esfuerzo mental y estrés que tuve durante todo el día. Así que decidí entrar a  la lujosa y llamativa pastelería que nunca me había detenido a observar con tanta admiración como aquella tarde fría de otoño.
 De repente sentí que unas pequeñas gotas de agua caían sobre mi cabeza y me di cuenta que estaba lloviendo hacia bastante tiempo, pues las calles estaban empapadas. Normalmente no era tan distraída sino mas bien detallista con cada una de las cosas que ocurrían a mi alrededor, pero en ese momento no podía estar presente en aquellas minuciosidades, pues tenía mucho en que pensar y me era difícil percatarme de las pequeñeces.
Al fin entre a la bella pastelería. El olor que expendía era exquisito, era como a manzanas frescas combinado con trozos de pan caliente.
Me quede observando cautelosamente el lugar y al fin halle un buen sitio para sentarme a merendar. Una bella mujer se acerco a mí y luego me pregunto que deseaba comprar. Me ofreció una gran serie de productos exquisitos, hasta que yo al fin me decidí por una tarta de fresa y una taza de leche caliente. Para contrastar el frio que me estaba consumiendo en aquel momento.
- ¿Amanda? – pregunto una voz masculina
Cuando escuche la voz me asuste un poco, hasta que al fin me percate de quien se trataba el hombre que me llamaba, gire mi rostro para confirmar mis sospechas.
- ¡Jack!– dije mas como una afirmación que como pregunta.
- Sí, soy yo, no creí que me recordara tan fácil – sonrió – como me ha sido a mi imposible olvidarla a usted.
Sus palabras me dejaron atónita. Era imposible que yo lo olvidara, ya que habíamos sido amigos en nuestra infancia, cuando yo había vivido con mi tía.
Jack me resultaba una persona muy alegre y divertida. Y él se mostraba conmigo como alguien digno de  mi confianza. Razón por la cual siempre lo había considerado como un amigo fiel.
 Mi prima Suzie estaba enamorada de él, y no la juzgaba,  pues además de ser esa gran persona, era guapísimo: sus ojos oscuros como la medianoche sin luna, resultaban  hipnóticos; Media a eso de un metro noventa, su cabello resaltaba el color de sus ojos y su presencia era encantadora y elegante, pues hasta en su manera de vestir resaltaba su casi perfección. Y esta no era la excepción. Tenía un traje oscuro y un sombrero de ala corta del mismo color, en su rostro se dibujaba una bella sonrisa con la que a cualquier chica burguesa hubiese conquistado, pero ese no era mi caso y era por ello que había logrado entablar una buena amistad con Jack. 
- A mí también me resulta difícil olvidarlo Jack – dije, mientras sonrió Jack – siempre fue un buen amigo y lo aprecio mucho – aclare.
- Si quiere podríamos ir a cenar – propuso
- Ahora no puedo – dije pensando en que debía comprar el crucifijo
- Ahh, bueno será otro día – profirió tristemente
- ¿Qué tal si viene a  la casa de mis padres mañana? – plantee con una sonrisa elocuente.
- Iré de seguro – sonrió y me observo fijamente.
Ya había terminado mi merienda y pensé en que ya era muy tarde, por lo cual no podía seguir conversando con Jack si quería encontrar un lugar para comprar un crucifijo. Quería conversar con él, pero si me iba a adentrar en la zona más peligrosa de Toulouse  no era conveniente invitarlo.
- Debo irme – dije mirando el piso.
- Puedo llevarla a su casa – sugirió. Levantándose de la silla
- De hecho, iré a casa de prima Suzie – mentí, pensando en que a Jack le molestaba su presencia
-  Entiendo, supongo que harán cosas de chicas – dijo desanimado – no importa te veré mañana – profirió una sonrisa, aunque no le llego a los ojos.
Luego de despedirme de Jack salí de la pastelería, para adentrarme en las oscuras calles de Toulouse que ni yo misma conocía.



   



 



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